viernes, 23 de enero de 2026
CRÍTICA A LA OBRA ARTÍSTICA Y LITERARIA DE IVONNE SÁNCHEZ BAREA por Mauro Montacchiesi (Italia)
Crítica general sobre Ivonne Sánchez-Barea
*
A bien mirarlo, la obra global de Ivonne Sánchez-Barea se sitúa en un punto delicado y hoy poco frecuentado: aquel en el que la poesía no pide ser explicada, sino habitada. La documentación histórica adjunta —artículos, publicaciones, reconocimientos críticos y apariciones en revistas literarias— no posee el valor de un simple archivo, sino el de un testimonio de un recorrido coherente, llevado a cabo con rigor interior y absoluta fidelidad a una voz propia.
Desde sus inicios, su escritura poética se distingue por una sobriedad intensa, nunca sentimental, nunca decorativa. Es una poesía que respira en voz baja, a paso humano, podríamos decir, pero que deja huellas profundas. El elemento natural —niebla, árboles, viento, agua, silencio— no es nunca paisaje descriptivo: se convierte en un espacio ético y existencial, un lugar en el que el sujeto se mide con la pérdida, con el cuidado, con la memoria. Nada se grita; todo queda inciso.
En este sentido, los textos históricos como Se ha dormido la niebla o Buen amigo, de su madre Maria Luisa Barea, bien se funden con los suyos y revelan una cualidad que hoy podríamos definir como contracorriente: la capacidad de confiar en la lentitud, de dejar que el verso madure como un fruto que no se fuerza. La palabra poética de Sánchez-Barea no pretende iluminar el mundo: prefiere acogerlo, incluso cuando está herido, cansado, desnudo. Y precisamente por ello resulta creíble, necesaria.
El paso a la dimensión pictórica —culminado en la reciente colección de acuarelas Alma y Agua— no representa un giro, sino una transmigración natural de la misma poética. Aquí el color no ilustra la palabra, ni la palabra explica el color: ambas participan de una misma visión. El agua, elemento fundacional de la acuarela, se convierte en metáfora explícita de toda la obra: fluir sin dispersarse, acoger sin perder la forma, penetrar sin violencia.
Llama la atención —conviene decirlo sin rodeos— la continuidad moral de este recorrido. Sánchez-Barea nunca ha cedido a la tentación del efecto, ni a la del aggiornamento forzado. La suya es una modernidad silenciosa, fundada en una profunda confianza en la percepción y en la escucha. Es un arte que no persigue el tiempo, sino que lo atraviesa.
En definitiva, Ivonne Sánchez-Barea se impone como una figura liminar y necesaria: poeta y artista capaz de unir palabra e imagen en una misma y coherente gramática del alma. Un trabajo que no reclama un consenso inmediato, pero que devuelve, a quien sabe detenerse, una experiencia auténtica de profundidad.
Y hoy, paradójicamente, es precisamente esta fidelidad a sí misma la que la hace más actual que nunca.
*Mauro Montacchiesi*
https://www.facebook.com/share/p/1XHSZFjMy6/
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario